Implantado en un terreno inclinado, a orillas del río y con espacio reducido, el edificio demandó un proyecto estructural desarrollado para optimizar la ocupación del lote, siempre en armonía con el concepto arquitectónico. Los pilares nacen sobre los muros de contención, lo que generó una ganancia de área útil y un mejor aprovechamiento de los espacios internos y externos. Los arriostramientos ubicados en puntos estratégicos garantizan la estabilidad global sin comprometer el lenguaje arquitectónico, y los trabamientos metálicos empotrados entre las paredes hicieron viables los ambientes previstos en el proyecto, sin interferencias visuales. Los grandes vanos libres dan servicio a los estacionamientos y a los locales comerciales, con mayor flexibilidad de uso y mejor circulación. El montaje exigió una planificación logística minuciosa, debido a las restricciones de espacio de la obra y a la dificultad de posicionamiento de los equipos de izaje.